CUANDO EL PROFESIONALISMO ES MÁS GRANDE QUE LAS LIMITACIONES TESTIMONIO DE QUIENES TRABAJAN POR GARANTIZAR EL DERECHO A LA SALUD

M.C. Miguel Salinas Vergaray
Profesional SERUMS del Puesto de Salud Chichucancha
Red de Salud Conchucos Sur - DIRESA ANCASH

A inicios del mes de noviembre del 2010, me encontraba junto con el personal de salud en el Puesto de Salud de Chichucancha, luego de un arduo trabajo en el día en la localidad de mayor población, nos dispusimos a descansar sin pensar en lo que interrumpiría nuestro sueño. Eran aproximadamente las dos de la mañana cuando tocaron enérgicamente la puerta, Celinda, la enfermera técnica, salió a ver quién tocaba insistentemente la puerta, al abrir vio a un campesino con su hija, estremecidos y agitados que venían a solicitar ayuda. Con súplicas entrecortadas por la falta de aire y con un quechua tan puro de envidiar, el señor le relató a Celinda que su esposa se encontraba con dolores de parto desde hace dos horas pero por miedo a caerse por el camino agreste decidió quedarse en casa. Sin pensarlo dos veces alistamos la maleta de emergencia y las linternas, en un lugar donde no hay alumbrado público y mucho menos luna llena para alumbramos. Era época de lluvia y la visibilidad se hace más tenue, todo alrededor nuestro era tenebroso. El camino totalmente intransitable lleno de fango por la lluvia impetuoso que no nos dejaba desde el día anterior y hacia difícil el avance a nuestro propósito. Luego de dos horas de marcha llegamos a la vivienda y presencié al instante con asombro a la señora que con un lenguaje valeroso y en quechua trataba de hacerme entender que su bebe ya iba a nacer. Manifesté a Celinda mi ayudante y guía que acondicionara un espacio para atender el parto, pero la señora valiente e insistente decía y repetía en quechua que todos sus hijos salieron de su vientre en forma vertical y que esta nueva criatura no sería la excepción. Era una experiencia nueva para mí, nunca atendí partos en forma vertical y aún más en condiciones precarias de salubridad. La señora dispuesta a dar a luz con un instinto de conservación admirable, de guerrera andina y yo impresionado, sorprendido, meditabundo sobre lo que tenía que hacer, inicié el trabajo de parto, luego de cuarenta minutos angustiantes de expectativa, solicité a la paciente que puje con fuerza y energía y en esos instantes dio el grito de victoria, una hermosa bebé de 3 kilos. Para algarabía mía el alumbramiento llegó sin complicaciones, monitorizamos dos horas más a la puérpera andina, dejándolo estable y con las recomendaciones necesarias del caso nos dispusimos a descender a nuestro segundo hogar el P.S. Chichucancha, porque en el día teníamos que brindar atención integral a otras gestantes y pacientes que venían de las alturas. No lo niego me moría de miedo, porque podrían surgir complicaciones en el parto, la experiencia fue única, esto solo me hace comprender que la vida del médico y del profesional de la salud no está en un escritorio, esta donde las papas queman, en el campo y la comunidad.